Pruebas de tortura en caso Nixzmary
Nueva York — Como en una macabra ceremonia de regalos de Navidad, los envoltorios con la evidencia que la policía confiscó el día de la muerte de Nixzmary Brown fueron abiertos ayer en corte. El tétrico desfile comenzó cuando uno de los guardias de la corte cargó hasta la mesa de evidencia un paquete grande sellado con cinta adhesiva roja. La cinta fue cortada y el paquete abierto para revelar la sillita de madera y metal a la cual la niña estaba amarrada; una silla común, como las que se usarían en un kindergarten, de menos de una yarda de alto. La soga blanca de nilón que sujetaba a la niña todavía está atada al marco de la silla.
Uno por uno fueron cargados a la mesa los demás paquetes. En cada caso, la fiscal Linda Weinman, manos protegidas con guantes quirúrgicos, cortó la cinta adhesiva y abrió el papel opaco para revelar otros objetos que como la fiscalía indica, y la defensa no niega, eran utilizados rutinariamente para castigar a la menor.
El siguiente envoltorio contenía los cordones elásticos que también eran utilizados para restringir el movimiento de la niña. Otro paquetito guardaba un rollo de cinta adhesiva. Otro, el pomo de la puerta al que estaba amarrado el otro extremo de la soga de nilón. Otro, un cinturón azul de plástico.
Entonces Weinman abrió otro paquete grande y en esta ocasión reveló una pieza de evidencia igual de dramática que la silla, si no más: una caja de plástico gris de las que se usa para que los gatos hagan sus necesidades, pero que en este caso no se usaba para un gato sino para Nixzmary. Las siguientes piezas de evidencia fueron trece sobres con las heces de la niña.
Luego, una pequeña almohada. Un lado tenía los dibujos de personajes de Disney, como Tribilín y el Pato Donald. El otro lado, blanco y sin dibujos, estaba casi todo cubierto por una mancha marrón –la mancha que la fiscalía indica fue dejada por la sangre de la niña. Finalmente, Weinman le presentó al jurado los pantalones rojos que la niña tenía puestos cuando la hallaron muerta, un abriguito rojo, y la camiseta lila, también manchada, que estaba debajo de la cabeza de la niña esa mañana, como relató ayer el policía Erick Dolan, el primero que llegó a la escena del crimen aquella madrugada de enero del 2006.
En sus declaraciones a la prensa, el abogado de César Rodríguez –el padrastro de Nixzmary, y quien está siendo enjuiciado por su muerte— puso al mal tiempo buena cara. Los objetos mostrados al jurado “son cosas que son difíciles de mirar porque sabemos para lo que eran usadas”, dijo el abogado, Jeffrey Schwartz.
Mientras tanto en corte, interrogando a Dolan y a Ulbis Rivera, vecina de Rodríguez, Schwartz buscó establecer dos puntos: que su cliente trató de resucitar a Nixzmary y que si bien Rodríguez no llamó al 911 para reportar lo sucedido, era porque en la casa no había teléfono.




