¡Ojo al mezclar medicamentos!
Desde el año pasado hemos estado leyendo en la prensa escrita y mirando en televisión, los casos de personas famosas que han perdido la vida producto de la interacción medicamentosa. Primero tuvimos al hijo adolescente de Anna Nicole Smith, la ex modelo de la revista Playboy, que falleció en Bahamas tras mezclar metadona con una serie de fármacos que se venden sin receta médica y antibióticos. Poco después, la propia Anna Nicole perdió la vida en un hotel de Florida por la misma causa, según el informe del médico forense que analizó su cadáver. Y recientemente nos sorprendimos al enterarnos de la muerte del joven actor de 28 años Heath Ledger, en Nueva York, por la misma causa.
Lo recomendable es que si estás tomando medicamentos sin receta médica o algún tipo de fármaco o remedio auto-recetado, se lo comuniques a tu médico cuando te indique medicamentos por prescripción facultativa. El problema radica en que algunas sustancias pueden ser menos eficaces cuando reaccionan entre sí, pero también pueden tonarse más potentes y sus efectos colaterales pueden ser verdaderamente dañinos, no sólo para tu organismo sino para tus reacciones. Por ejemplo, cuando mezclas un antihistamínico, como la Benadrilina, con un ansiolítico, como el Xanax, la combinación de ellos puede retardar tu velocidad de reacción cuando vas manejando, y no es necesario que te explique cuán peligroso puede ser esto en una autopista atestada de autos veloces y conductores imprudentes.
Asimismo, la combinación de ciertos medicamentos con el alcohol pueden retardar tus reacciones. De ahí que es importante que te informes bien con tu médico o farmacéutico si el alcohol está contraindicado con algunos de los fármacos que estás ingiriendo.
También hay fármacos que se venden sin receta médica, para descongestionar la nariz durante un estado gripal, que pueden reaccionar de manera adversa con los medicamentos que tomas para combatir la hipertensión arterial.
Aparte de consultar a tu médico o al farmacéutico, tú también puedes asumir cierta responsabilidad por tu propio bien. Por ejemplo, lee las etiquetas en los frascos donde viene envasado el producto que vas a tomar. Las etiquetas o los pequeños panfletitos que acompañan al medicamento suelen explicar ciertas reacciones dañinas con otros medicamentos o con el alcohol. Igualmente, incluyen indicaciones o contraindicaciones para embarazadas.
Si la etiqueta del medicamento no incluye suficiente información, puedes buscar más datos en Internet. Basta con entrar el nombre comercial o genérico del mismo en un buscador. Es muy posible que te conduzca a la página del fabricante o de la Dirección de Alimentos y Fármacos (FDA) de Estados Unidos, donde puedes obtener mucha información al respecto. Nunca pases por alto la sección correspondiente a las “advertencias” en el prospecto del producto. Asimismo, consulta la dosis máxima que se puede tomar.
Los médicos suelen estar muy ocupados y tienden a estar pensando en varios casos a la vez, por lo que pueden equivocarse a la hora de hacer una dosificación. No sientas vergüenza si lees, por ejemplo, que la dosis máxima que se recomienda para un determinado fármaco que estás tomando es de 15 mg y, en cambio, a ti te han indicado 25 mg. Tu médico puede haberse equivocado y el bienestar tuyo es el que está en peligro. No olvides el dicho popular de “vale más precaver que tener que lamentar”.
Es importante también que leas lo concerniente a las “indicaciones”, el “ingrediente activo”, los ingredientes pasivos que contiene el fármaco. Otro factor importante es que le preguntes a tu médico que para qué te ha indicado tal o mascual medicamento. Parece increíble, pero muchas veces le preguntas a personas que están tomando varios fármacos diarios que para qué sirven y te responderán: “Ay, yo no sé. El doctor me mandó todas esas pastillas y supongo que él sabrá para qué son”. ¡Por amor de Dios, el médico es un ser humano y puede cometer errores! Es su responsabilidad preguntar para qué sirve cada uno de los medicamentos que está tomando.
Por otra parte, ten presente que los medicamentos que se venden sin receta médica pueden contener el mismo ingrediente activo, como es el caso de los analgésicos. Si eres, por ejemplo, de los que padece dolores de cabeza frecuentes y te da por tomar varios calmantes que compras sin receta, cerciórate de cuál es el ingrediente activo, del tiempo que permanece en la sangre y de la dosis máxima que se puede tomar. Por ejemplo, varios analgésicos con el mismo ingrediente activo de la aspirina pueden licuarte demasiado la sangre.
Si tomas estimulantes con frecuencia, recuerda que éstos pueden reaccionar con la cafeína. Si necesitas somníferos o cualquier otro medicamento que te ayude a dormir, no olvides que estos fármacos pueden reaccionar con otros sedantes que te haya indicado el médico y, si excedes la dosis porque no consigues quedarte dormido o dormida, pueden deprimir su sistema respiratorio con la peligrosa falta de oxígeno al organismo durante la noche.
Los fármacos para descongestionar la nariz pueden reaccionar con medicamentos para tratar la hipertensión arterial y las cardiopatías, así como problemas en la próstata, la diabetes y los trastornos renales. Si padeces del corazón o algunas de las otras enfermedades mencionadas, es muy importante que consultes con tu médico antes de auto-recetarte. Los broncodilatadores también pueden reaccionar de manera adversa con los medicamentos para tratar el corazón, la diabetes, la hipertensión arterial y los problemas tiroideos.
Los aparentemente inofensivos antiácidos, que mucha gente suele tomar en grandes cantidades para aliviar la ardentía estomacal e incluso el exceso de gases, pueden reaccionar con los anticoagulantes, los medicamentos para tratar el asma y otros para tratar convulsiones.
En fin, el paciente debe tomar un papel activo en su tratamiento. Si eres de los que siente vergüenza a la hora de preguntarle al médico, pues entonces pregúntale a tu farmacéutico, pero no te quedes con dudas acerca de lo que estás tomando y para qué sirve cada medicamento. Hemos sabido de Anna Nicole Smith y su hijo, y también de Heath Ledger, porque eran personajes famosos. Pero sabe Dios cuántas personas desconocidas han perdido la vida por una combinación fatal de medicamentos sin que nos hayamos enterado. ¡No seas tú uno de ellos!
Fuente: Yahoo-Salud




