Los niños abusados tienen hasta un 17% más probabilidad de convertirse en adultos violentos y abusadores
Algunas personas están atrapadas en un ciclo de violencia, que tal vez comenzó en su misma niñez y debido a haber sido abusado, en un círculo vicioso que convierte a las anteriores víctimas en victimarias adultas.
Para interrumpir este ciclo, es importante entender la forma en que las experiencias vividas en la infancia se relacionan con el comportamiento posterior, con el que se tendrá en años más tarde.
Es por eso que en un paper o documento científico publicado en la revista American Journal of Preventive Medicine , un grupo de investigadores estadounidenses informa cuáles fueron los resultados obtenidos, a partir de examinar cómo las formas de maltrato infantil, la victimización y la violencia juvenil y la violencia íntima con la pareja se relacionan entre sí.
Dicho estudio recopiló y observó los datos pertenecientes a más de 9.300 encuestados dentro del programa National Longitudinal Study of Adolescent Health, que fueron interrogados acerca de la violencia y de la victimización durante la primera ola del estudio, en los años 1994 y 1995.
Después de eso, las mismas personas fueron interrogadas nuevamente, pero esta vez para saber qué sucedía con la violencia y la victimización en sus relaciones sexuales como jóvenes y luego como adultos, en lo que los investigadores llamaron la segunda y tercera ola del sondeo, en los años 2001 y 2002.
Las preguntas centradas en la tercera fase etaria buscaron evaluar si el niño que había sufrido abuso físico y/o sexual, e inclusive abandono por parte de su familia y seres cercanos, mostraban a su vez violencia, victimización o abuso en su vida familiar, social y sexual posterior.
Los investigadores consideraron a la violencia juvenil como aquella en la que ocurre una lucha durante la cual se hiere gravemente a alguien, lo suficiente como para esa persona precise ir al médico; pero también incluye actos menos terminales, como la amenaza de usar un arma y también el hecho de utilizarla, fuese con las consecuencias que fuere.
A su vez, la violencia de pareja se define como la amenaza al compañero por medio de actos violentos que van desde un empujón, pasan por tirarle algún objeto, siguen por bofetadas, golpes, patadas, y que pueden terminar o (directamente empezar) con intimidaciones y el obligar a esa persona a tener relaciones sexuales aún cuando él o ella no quieran tenerlas.
Dependiendo del tipo específico de maltrato infantil que se haya experimentado, los expertos hallaron que (en comparación con aquellos adolescentes que no habían sido víctimas de pequeños), los abusados mostraron hasta un 11,9% más de probabilidades de perpetrar hechos de violencia en el caso de los varones, y hasta un 6,6% cuando de mujeres se trata. En el caso de los adultos jóvenes, las cifras ascienden hasta el 17,2% y el 10,4% respectivamente.
La investigación puso en evidencia algunas diferencias en cuanto a si la carga de abuso infantil era llevada por varones o por mujeres. En el primer caso, se observó una fuerte relación entre el abuso sexual cuando niños y el futuro abuso dentro de la pareja cuando adultos; cosa que no se da con la misma intensidad entre el sexo femenino.
Entre las mujeres, en cambio, sí pesa mucho más el abuso físico y el abandono de los propios hijos, cuando ha habido una historia de maltrato y abuso de niñas.
¿De qué se trata entonces? De prevenir, de cuidar, de proteger a los niños y niñas. Pero también de seguir cuidándolos mientras crecen, de comprender cómo y por qué, a veces, algunos de ellos se convierten en eso mismo que temen y odian a la vez.




