Vacuna contra el Ébola ensayada con éxito en primates
Una de las enfermedades con mayor tasa de mortalidad del mundo, la fiebre hemorrágica causada por el virus Ébola, podría ser doblegada con vacunas en el futuro. La comunidad científica confía en el éxito de las investigaciones de un equipo de científicos estadounidenses y canadienses que, mediante distintas técnicas genéticas, han ensayado con éxito una vacuna contra esta enfermedad vírica en primates y ahora buscan adaptar esta solución a los seres humanos.
El avance tendrá su puesta de largo en la reunión de la Sociedad de Microbiología General, que tendrá lugar en Edimburgo (Reino Unido), a la que acudirá el Dr. Anthony Sanchez en representación de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Atlanta. Los investigadores usaron diferentes técnicas de combinación de ADN para desarrollar la vacuna, que resulta efectiva en primates no humanos. “El virus Ébola en los humanos es altamente letal, pero los primates raramente sobreviven a la infección”, explica el Dr. Sanchez.
De confirmarse el éxito en los ensayos clínicos, explica Sanchez, “significará que se podrá vacunar a trabajadores sanitarios y personal clave durante los brotes epidémicos”, lo que ayudará a proteger sus vidas y frenar el contagio. Además, el hallazgo tendrá también aplicaciones en la búsqueda de soluciones frente a otros virus, como el Marburg, e incluso para descubrir algunos agentes que influyen en el sida o la gripe aviar.
El Dr. Sanchez subraya también la relevancia del hallazgo en casos de terrorismo biológico, ya que la literatura y las leyendas urbanas se han hecho eco de este peligroso virus como posible arma biológica. “Con los viajes aéreos y el turismo, el virus puede transportarse desde las regiones más remotas del mundo. Y tiene un enorme potencial como posible arma bioterrorista”, declaró el investigador, para quien es necesaria una “vacuna protectora desesperadamente”.
Virus Ébola
El virus debe su nombre al río Ébola, ubicado en la actual República Democrática del Congo, donde fue identificado por primera vez en el año 1976. Desde entonces, el principal damnificado por la enfermedad ha sido el continente más pobre del planeta, afectado por la alta tasa de contagio a través de líquidos corporales como sangre, saliva, sudor, orina o vómitos.
Los alrededor de 1.500 pacientes detectados, que fallecen en un 90% de los casos, pierden la vida en la mayoría de ellos por un shock hipovolémico provocado por la pérdida de sangre. A la espera de una vacuna, estos pacientes ni siquiera son sometidos a un tratamiento específico, ya que en la actualidad lo más habitual para mantener con vida a la persona son los métodos de resucitación o respiración artificial y el control de las hemorragias en la medida de lo posible.




